La desaparición física del histórico cronista y director de El Gráfico marca el fin de una era irrepetible para el periodismo narrativo en el Río de la Plata.
El periodismo argentino se vistió de luto este viernes 20 de marzo con la confirmación del fallecimiento de Ernesto Cherquis Bialo, a los 85 años. El cronista, que había nacido en Montevideo pero se convirtió en un pilar de la cultura porteña, se encontraba internado debido a un cuadro de leucemia que se había agravado drásticamente en las últimas semanas. Su partida no solo deja un vacío en las redacciones, sino que clausura una forma de entender la comunicación donde la elegancia del léxico y la profundidad del análisis eran las únicas reglas innegociables.
Cherquis Bialo fue, ante todo, el hombre que le dio una nueva dimensión a la revista El Gráfico. Bajo su dirección, la publicación alcanzó estándares de excelencia que la posicionaron como la “Biblia del deporte” a nivel continental. Con su célebre seudónimo “Robinson”, transformó las crónicas de boxeo en piezas literarias de colección, logrando que el lector sintiera el sudor del ring y el peso de los guantes a través de descripciones minuciosas y una adjetivación precisa que hoy parece haberse perdido en la inmediatez digital.
Su vínculo con el poder del fútbol también definió una etapa crucial de su carrera. Durante casi una década, se desempeñó como director de Medios y Comunicación de la AFA, convirtiéndose en el intérprete y vocero de la era de Julio Humberto Grondona. En ese rol, Cherquis demostró una capacidad dialéctica asombrosa, defendiendo la institucionalidad del fútbol argentino con una verborragia cautivante y una inteligencia táctica que lo llevó a sortear las conferencias de prensa más espinosas de la historia reciente del organismo.
Más allá de los cargos jerárquicos, Cherquis fue un maestro de generaciones. En los últimos años, su voz continuó vigente en radio y televisión, donde aportaba una perspectiva histórica que servía de ancla frente a la volatilidad de la opinión moderna. Su habilidad para desmenuzar la psicología de los deportistas, desde su estrecha relación con Diego Armando Maradona hasta su admiración por las leyendas del pugilismo, lo consolidó como un archivo viviente de las pasiones populares que movilizan a la sociedad.
La noticia de su deceso generó una ola de tributos que abarcó todo el arco deportivo y político. Desde la Legislatura de la Ciudad de Buenos Aires, donde se realizó su velatorio, colegas de todas las edades coincidieron en señalar su generosidad para compartir conocimientos. No era extraño verlo en un café o en un pasillo de canal ofreciendo consejos sobre cómo estructurar un párrafo o cómo encontrar el ángulo humano en una noticia fría, manteniendo siempre esa humildad característica de quien se sabe un servidor de la palabra.

Hoy, las redacciones guardan un minuto de silencio en honor a quien supo elevar el periodismo deportivo a la categoría de arte. Ernesto Cherquis Bialo se retira de la escena dejando un legado de honestidad intelectual y una vara altísima para quienes intenten narrar el deporte con la misma pasión que él imprimió en cada una de sus páginas. Su nombre quedará grabado junto al de los grandes narradores de la historia argentina, como un recordatorio de que, detrás de cada resultado, siempre hay una historia que merece ser contada con elegancia.










