Tras el silencio en Liniers, el ciclo del Muñeco entró en cuenta regresiva y el próximo partido marcaría el final.
Por Nacho Sanzó
El clima en Núñez es de cierre. Luego de suspender la conferencia de prensa tras la derrota ante Vélez, Marcelo Gallardo tomó una decisión de peso: el partido frente a Banfield sería su último compromiso al frente de River Plate. El desgaste deportivo y emocional aceleró un desenlace que ya se intuía en el ambiente.
La caída en Liniers no fue una derrota más. El equipo volvió a mostrar falencias de funcionamiento, falta de respuestas anímicas y una irregularidad que se sostuvo a lo largo del torneo. En ese contexto, el silencio del entrenador fue tan elocuente como una confesión: el ciclo, esta vez, parece no tener retorno.

Según trascendió en las últimas horas, Gallardo ya le habría comunicado su determinación a la dirigencia, que aceptó el escenario y comenzó a trabajar en la transición. El encuentro ante Banfield se perfila así como una despedida sobria, sin estridencias, pero cargada de simbolismo para uno de los entrenadores más influyentes en la historia del club.
Más allá del resultado que se dé en ese último partido, el cierre del ciclo Gallardo marcará un antes y un después en River. Se va el técnico más ganador, el que cambió la lógica competitiva del club y dejó una huella imborrable. Banfield será el final del recorrido; la historia, esa, ya está escrita.









