La casa madre del fútbol aplicó una sanción ejemplar contra la institución rosarina debido a deudas impagas, dejando al club imposibilitado de reforzar su plantel profesional hasta el año 2027.
El panorama institucional de Newell’s Old Boys sumó un capítulo crítico este 24. La FIFA incluyó oficialmente a la institución en su lista de clubes inhibidos, prohibiéndole realizar incorporaciones por los próximos tres mercados de pases. Esta vez, el detonante no es una cuota de transferencia, sino un reclamo salarial del futbolista uruguayo Guillermo May, quien militó en el club entre 2023 y 2024. Tras un fallo del TAS que ratificó la deuda, la cifra exigida asciende a 450.000 dólares, incluyendo intereses y multas por falta de pago.

La sanción llega en un momento de transición política y financiera bajo la gestión del nuevo presidente, Ignacio Boero, quien heredó un pasivo que superaría los 35 millones de dólares. Si bien el club logró regularizar recientemente la situación con Liverpool de Uruguay por el pase de Juan Ignacio “Colo” Ramírez, este nuevo reclamo de May —quien llegó libre desde Danubio pero nunca percibió la totalidad de su contrato— vuelve a bloquear las cuentas y la planificación deportiva del técnico Frank Kudelka.

Desde el entorno de la actual dirigencia se señala que estas deudas son parte del “deterioro administrativo” de la gestión anterior encabezada por Ignacio Astore. La auditoría en curso busca determinar responsabilidades, pero la urgencia es hoy: mientras no se giren los casi medio millón de dólares a la cuenta del actual delantero del Auckland FC, Newell’s no podrá anotar a ninguna de las caras nuevas que proyectaba para el próximo libro de pases, una limitación que pone en riesgo la competitividad del equipo.
Con el fantasma del descenso aún acechando en las tablas y una crisis económica que parece no tener techo, el “Mundo Newell’s” vive horas de extrema tensión. La resolución del conflicto con Guillermo May es ahora la prioridad absoluta para destrabar el cepo de la FIFA. De lo contrario, la Lepra deberá afrontar el resto de la temporada 2026 con lo que tiene, en un contexto donde el margen de error futbolístico es prácticamente inexistente y el malestar social en el Parque sigue en ascenso.










