Rosario Central acelera en el Apertura buscando asegurar su pasaje a los playoffs antes de sumergirse en el asfixiante calendario internacional.
El Rosario Central de Jorge Almirón atraviesa un momento de definiciones cruciales que marcarán el rumbo de su temporada. Con el sorteo de la Copa Libertadores en Asunción como telón de fondo, el cuerpo técnico auriazul ha trazado una hoja de ruta clara: sentenciar la clasificación a los cuartos de final del torneo local de forma prematura. La estrategia apunta a obtener los puntos necesarios en las próximas dos jornadas ante Independiente Rivadavia y Atlético Tucumán, permitiendo así una rotación inteligente cuando la doble competencia comience a exigir el máximo esfuerzo físico de la plantilla.
Actualmente, el conjunto de Arroyito ostenta una posición de privilegio en la Zona B. Esta brecha, sumada a una sólida diferencia de gol, le otorga al Canalla un colchón de tranquilidad que Almirón pretende capitalizar para evitar urgencias de último momento. El objetivo es llegar al debut copero de abril con el boleto a los “mata-mata” prácticamente en el bolsillo, transformando los duelos locales en una plataforma de gestión de minutos más que en una lucha desesperada por la supervivencia.
El calendario que asoma en el horizonte es, cuanto menos, vertiginoso. Tras el sorteo en Paraguay, la planificación logística pasará a ser tan importante como la táctica, ya que Central deberá alternar viajes por el continente con compromisos determinantes en el torneo doméstico. Los choques contra rivales que pelean la permanencia, como Sarmiento de Junín y Estudiantes de Río Cuarto, se perfilan como pruebas de fuego para la profundidad del plantel, donde el recambio deberá demostrar que está a la altura de las exigencias de un club que aspira al protagonismo total.
Jorge Almirón, fue presentado como un especialista en competiciones internacionales que ya sabe lo que es disputar finales continentales, entiende que la “muñeca” para administrar las cargas será la clave del éxito. La intención es no descuidar el protagonismo alcanzado en el Apertura, donde Central se ha consolidado como un candidato serio, sin que ello signifique resignar potencial en la búsqueda de la gloria eterna. La obsesión del entrenador es mantener la identidad de juego independientemente de los nombres, asegurando que el equipo no pierda competitividad ante el inminente desdoblamiento de objetivos.
Con la fe renovada de su gente y un esquema que empieza a salir de memoria, Rosario Central se prepara para un abril que no dará tregua. La dirigencia y el cuerpo técnico saben que están ante una oportunidad histórica de devolver al club a los primeros planos de Sudamérica, pero el camino exige una precisión quirúrgica en cada decisión. Por ahora, los cañones apuntan al torneo local con un ojo puesto en el mapa continental, en una danza estratégica donde el margen de error es mínimo y la gloria espera al final del camino.










