El intendente de Rosario y socio del club rompió el silencio con una frase humillante tras la debacle ante Lanús que deja a la “Lepra” al borde del abismo.
La crisis institucional y deportiva de Newell’s Old Boys ha alcanzado un punto de no retorno, provocando la reacción más ácida y dolorosa de uno de sus socios más visibles: el intendente Pablo Javkin. Tras la catastrófica derrota por 5-0 frente a Lanús, el mandatario municipal no ocultó su indignación y lanzó una frase que caló hondo en el sentimiento del hincha, afirmando que, ante el bajísimo nivel mostrado por el equipo, hasta alguien carente de talento futbolístico como él se siente capaz de salir a la cancha.
El presente del conjunto rojinegro es, según palabras del propio Javkin, un escenario de degradación deportiva nunca antes visto en el Parque Independencia. Con apenas tres puntos cosechados sobre treinta posibles y hundido en el último puesto de la tabla anual, el fantasma del descenso ha dejado de ser una posibilidad lejana para convertirse en una amenaza real y palpable. El análisis del intendente refleja el hartazgo de una parcialidad que observa cómo su equipo se desintegra sin ofrecer respuestas anímicas ni tácticas ante cada nuevo golpe.
La debacle en “La Fortaleza” no solo dejó herido el orgullo, sino que provocó un terremoto interno que se llevó puestos nombres de peso en la estructura del club. La renuncia de Roberto Sensini a su cargo de director deportivo es la muestra más clara de un proyecto que se ha quedado sin brújula en medio de la tormenta. Mientras tanto, el entrenador Frank Darío Kudelka reconoció sentir “vergüenza” por el desempeño de sus dirigidos, en un vestuario que parece haber perdido la capacidad de reacción frente a la adversidad.
La situación estadística es alarmante y coloca a Newell’s en una posición de vulnerabilidad extrema dentro de la Zona A. Ser el colista absoluto del torneo no es solo un dato circunstancial, sino la consecuencia de una gestión deportiva que Javkin no dudó en calificar como un pozo sin fondo. La falta de jerarquía en el plantel y la ausencia de un rumbo claro desde la dirigencia han generado un clima de hostilidad y manifestación constante por parte de los simpatizantes, quienes exigen soluciones urgentes para evitar un desenlace trágico.
El futuro inmediato de la “Lepra” se presenta como una carrera contra el tiempo y contra sus propios fantasmas, con un margen de error que se ha reducido a cero. El pedido de Javkin y de todo el pueblo leproso es un grito de auxilio para rescatar a una institución histórica que hoy deambula sin alma por el fútbol argentino. Sin un cambio radical en la conducción y en el compromiso de los futbolistas, el destino del club parece estar condenado a pelear, hasta la última fecha, por la permanencia en la máxima categoría.










